Angostura
"Nadie me había recomendado Angostura. Paré porque necesitaba gasolina y terminé quedándome dos días por el lago y la comida."
Un pueblo de presa en el norte de Sinaloa donde el agua quieta, los pelícanos lentos y un chilorio excepcional conspiran para retenerte más de lo planeado. Angostura no está en la lista de nadie, que es precisamente lo que lo hace valer la pena.
Me salí de la carretera en Angostura porque el tanque marcaba casi vacío y el pueblo apareció en el mapa en el momento justo. Eso fue todo. Llené el tanque, noté un letrero para la presa, lo seguí por instinto, y me encontré parado a la orilla de una presa tan quieta que parecía pintada. Un pelícano aterrizó a veinte metros de mí con total indiferencia. Me registré en la primera posada que encontré, un edificio de concreto con un ventilador de techo y vista al agua, y no me fui durante dos días.
La Presa Eustaquio Buelna y el Peso Particular de la Quietud
La presa de Angostura —la Presa Eustaquio Buelna, aunque nadie la llama así— está en un tazón poco profundo de colinas quemadas por el sol que se vuelven color ámbar después de las cuatro de la tarde. Los pescadores trabajan las orillas en botes de madera de fondo plano, moviéndose sin prisa, arrastrando líneas para tilapia y mojarra. No hay estructuras turísticas aquí, ni kayaks de renta ni tours organizados en lancha. O conoces a alguien con una panga, o miras desde la orilla, lo cual tiene su propio placer.
Pasé la primera mañana sentado en un muro bajo de concreto cerca del embarcadero, tomando café de un termo que había llenado en la posada. El sonido era sobre todo viento y el ocasional motor fuera de borda que arrancaba y luego volvía a callar. Una garza morena se quedó inmóvil sobre una rama medio sumergida durante tanto tiempo que empecé a preguntarme si era real. Este no es un destino que actúa para ti. El lago simplemente existe, y o lo encuentras reparador o vuelves a la carretera. Yo lo encontré reparador.

Chilorio, y el Mercado en Calle Ángel Flores
Lo que nadie te cuenta de Angostura es que el pueblo produce un chilorio de una calidad que avergüenza a lo que se exporta bajo ese nombre en cualquier otro lugar. El chilorio es carne de cerdo cocida lentamente con chile ancho y guajillo, manteca, vinagre y orégano hasta que se deshebra y absorbe todo lo que la rodea. Bien hecho, es denso y oscuro y ligeramente ácido, nada que ver con la pasta rosada que venden en lata en el OXXO.
Encontré el mío en el mercado cubierto a dos cuadras de la plaza, de una mujer con una sola olla de barro y ningún letrero. Me lo comí en una tortilla de harina con unas rebanadas de cebolla blanca cruda y un gajo de limón, de pie frente a una mesa plegable a las ocho y media de la mañana. Volví al día siguiente y pedí lo mismo. Ella no pareció sorprendida ni particularmente interesada en mi entusiasmo, lo cual respeté.

El Pueblo de Noche
Angostura se apaga rápido después de la puesta del sol. La plaza se llena brevemente hacia las siete —familias, algunos adolescentes, un carrito de helados— y luego se vacía otra vez para las nueve. Me senté afuera de una cantina pequeña en el lado oeste de la plaza y bebí una Pacífico y comí tostadas de ceviche que llegaron sin que las pidiera. La cocinera, que también era la dueña, me explicó que el pescado había salido de la presa esa misma mañana. No tuve razón para dudarlo.

Cómo llegar
Angostura está sobre la Carretera Federal 15, a unos 130 kilómetros al norte de Culiacán y unos 90 kilómetros al sur de Los Mochis. Es un trayecto directo desde cualquiera de las dos ciudades, menos de dos horas en cualquier dirección. No hay una terminal de autobuses como tal, pero los autobuses de segunda clase que corren por la ruta costera paran en el pueblo. La mayoría solo pasa de largo. Los que se detienen tienden a quedarse un día más de lo planeado.
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