Amecameca
"Amecameca huele a bosques de pino y aire delgado, y los volcanes llenan todo el horizonte oriental: no hay ángulo humilde desde el cual mirarlos."
Amecameca es un pueblo frío, con olor a pino, al pie del Popocatépetl y el Iztaccíhuatl, calibrado tanto para escaladores de volcanes como para peregrinos. Despertar a 2.400 metros para ver al Popo brillar contra un cielo todavía oscuro es de esas cosas que recalibran tu sentido de la escala.
Puse la alarma a las 4:50 de la mañana sin mucha convicción. Para las 5:05 estaba de pie en el patio de mi posada en la calle Fray Diego de Chávez, en calcetines y forro polar, mirando al este, y el Popocatépetl brillaba —no metafóricamente, sino con una luz interna tenue de verdad, humo blanco elevándose contra la oscuridad. El Iztaccíhuatl yacía a su lado como algo dormido. Se me olvidó que tenía frío.
Dos Volcanes al Final de Cada Calle
Amecameca existe en un campo gravitacional específico. El pueblo tiene un zócalo, un mercado municipal, un Coppel, lo de siempre —pero todo se orienta hacia el este, hacia los volcanes, de la misma manera en que los pueblos mediterráneos se orientan hacia el mar. No se puede caminar una cuadra sin que los picos blancos reaparezcan entre los edificios. El Popocatépetl, con 5.426 metros, sigue activo; en las mañanas despejadas la fumarola proyecta una sombra que se puede seguir con la mirada. El Iztaccíhuatl, el dormido, conserva su nieve todo el año en formaciones que se parecen —y que llevan el nombre— a una mujer dormida.
La mayoría de quienes duermen en Amecameca están ahí para escalar. El Paso de Cortés, la meseta alta entre los dos volcanes y punto de partida para el Izta, está a unos 45 minutos en coche o colectivo desde el centro. El acceso al Popo mismo está restringido debido a su actividad continua, pero el parque nacional que lo rodea está abierto, y hasta el trayecto en coche a través del bosque de pinos, terminando a 3.700 metros con ambas cumbres encima, justifica el viaje por completo. No soy un escalador serio. Subí en coche, me comí una torta con el viento frío y me sentí muy satisfecho.

El Sacromonte y los Peregrinos
El cerro que se levanta justo al oeste del centro, el Sacromonte, ha sido lugar de peregrinaje desde el siglo XVI. Los peregrinos suben su camino empedrado de rodillas —una práctica que suena teatral hasta que ves a alguien hacerlo de verdad, despacio, sobre las piedras, en silencio, y lo teatral se disuelve por completo en algo más difícil de nombrar. En la cima está el Santuario del Sacromonte, una capilla colonial que alberga una imagen de Cristo traída aquí, según la tradición, por el fraile dominico Fray Martín de Valencia en la década de 1520. La vista desde arriba —el valle, la retícula del pueblo abajo, los volcanes al fondo— es el mejor mirador de Amecameca.
El mercado al pie del Sacromonte vende carnitas los fines de semana por la mañana, además de quesillo y tlayudas de una variedad más rústica, propia del centro de México. Comí un plato de caldo de res de una mujer que llevaba ahí desde antes del amanecer y que rellenaba la canasta de tortillas sin que se lo pidieran.

Qué Comer, Dónde Dormir
El mercado municipal en la avenida Hidalgo es el lugar indicado para desayunar —enchiladas verdes, atole de guayaba en las mañanas frías, tlacoyos de haba que cuestan doce pesos cada uno. Para algo más contundente antes de un día de montaña, los comedores del lado sur del zócalo abren desde las siete y sirven cecina de Yecapixtla, la famosa carne salada del pueblo vecino, con frijoles negros y arroz. Duerme barato en alguno de los pequeños hostales cerca de la terminal de autobuses; los cuartos son sencillos, pero las cobijas son gruesas, que es lo que importa a esta altitud.

Cómo llegar
Desde la terminal TAPO (Oriente) de la Ciudad de México, toma un autobús directo con Volcanes o Cristóbal Colón —el viaje toma unos 90 minutos y cuesta alrededor de 70 pesos. Los autobuses salen con frecuencia desde temprano en la mañana. Desde la terminal de autobuses de Amecameca, los colectivos salen durante todo el día hacia el Paso de Cortés y la entrada del parque nacional.
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