Mexiquillo
"Me orillé esperando encontrar un área de picnic y encontré esculturas de piedra creciendo entre los pinos — Mexiquillo es de esos lugares que te hacen preguntarte qué más se guarda Durango en silencio."
Una reserva forestal en la Sierra Madre Occidental donde columnas de basalto del tamaño de casas se levantan entre los pinos — formaciones volcánicas que la erosión ha esculpido en formas de hongo, de pie entre la niebla de montaña que la mayoría de los viajeros por carretera de Durango nunca se detienen a encontrar.
La desviación está sobre la carretera Durango-Mazatlán, fácil de pasar por alto si estás haciendo lo que hace la mayoría de la gente: viendo el cañón caer a la izquierda y tratando de no pensar en el guardarraíl. El letrero es un rectángulo café, del tipo que sugiere una mesa de picnic de concreto y nada más interesante. Me orillé de todos modos. Trescientos metros dentro de los pinos, apareció la primera roca entre los árboles — una columna oscura de basalto, más ancha en la copa que en la base, de pie a unos ocho metros en el silencio alfombrado de agujas de pino. Apagué el motor. Había otras seis visibles desde donde estaba parado.
Piedra que sobrevivió a todo a su alrededor
Las formaciones de Mexiquillo se llaman hongos, y quien las nombró así estaba prestando atención. Son columnas de basalto volcánico antiguo que la erosión ha tallado a lo largo de milenios en formas que, desde el ángulo correcto, realmente parecen sombreros enormes balanceados sobre pedestales que se estrechan. Algunas están solas en el bosque. Otras se inclinan unas hacia otras en grupos de tres o cuatro, ligeramente ladeadas, como si estuvieran en medio de una conversación que empezó hace muchísimo tiempo. Las más grandes miden quince metros o más, cubiertas de musgo y liquen verde grisáceo, sus superficies agrietadas en placas que embonan entre sí. Caminar entre ellas una mañana con la niebla todavía asentada en el dosel superior ocupa un registro incierto — no del todo inquietante, no del todo hermoso, algo intermedio que seguí sin poder nombrar. Medio esperas que se muevan. Geológicamente, son el residuo de antiguos flujos de lava; la roca más blanda de alrededor se erosionó primero, y lo que queda es lo que resultó más duro. Hay algo contundente y satisfactorio en eso.

El camino es la mitad del punto
Mexiquillo se encuentra a lo largo del Espinazo del Diablo, que es el tipo de carretera que se gana su nombre honestamente. La autopista desde la ciudad de Durango sube hacia la Sierra Madre a través de un paisaje tan dramático que el trayecto en sí funciona como destino: carriles angostos que serpentean entre paredes de cañón, crestas forestadas que se abren de golpe en caídas de mil metros, curvas cerradas que exigen atención genuina. La reserva se encuentra a 2,400 metros y el aire anuncia la altitud de inmediato — fresco y resinoso, marcadamente distinto de la carretera caliente de las tierras bajas por la que pasaste una hora antes. Cerca de la entrada, un día entre semana por la mañana, un hombre estaba parado con una camioneta y dos termos grandes. Compré un vaso de atole de guayaba y una gordita de maíz rellena de frijoles negros y quelites, me los comí recargado en la caja de la camioneta, y no sentí ninguna urgencia por estar en otro lugar. Ese es más o menos el ritmo correcto para Mexiquillo.

Qué llevar, qué esperar
Las formaciones están dispersas por el bosque a lo largo de unos cuantos kilómetros de senderos — algunos marcados con pequeños postes de madera, otros improvisados por quien haya caminado ahí antes. La idea es vagar sin ruta fija hasta que dejes de contar las rocas. Lleva capas sin importar el mes; a esta altitud la temperatura cae rápido en cuanto el sol se esconde tras la cresta, y la misma niebla que le da al lugar su atmósfera lo vuelve frío. No hay servicios para visitantes que valga la pena mencionar — sin café, sin taquilla, sin señalización más allá de lo básico. El área de campamento cerca de la entrada tiene una fogata y una toma de agua y poco más, lo cual le va bien al lugar. Ve entre semana. El tráfico de fin de semana desde Durango es ligero, pero de todos modos rompe algo.

Cómo llegar
Mexiquillo está a unos 130 kilómetros al oeste de la ciudad de Durango por la carretera federal 40 hacia Mazatlán — aproximadamente dos horas en coche, más si te detienes en el Espinazo del Diablo, cosa que deberías hacer. Busca el letrero café de la reserva justo pasando el entronque de El Salto. No hay servicio de autobús directo a la reserva; necesitas coche o un remís desde El Salto. El sitio permanece abierto la mayor parte del año, pero la carretera puede cerrarse en invierno durante nevadas fuertes — revisa las condiciones del camino antes de salir de Durango.
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