Tepezalá
"La plata se agotó hace generaciones. Lo que quedó es una plaza colonial donde nada intenta impresionarlo a uno, y eso resulta ser sorprendentemente difícil de encontrar en el centro de México."
Uno de los pueblos más antiguos del estado de Aguascalientes, Tepezalá se fundó cuando la plata atrajo a los españoles a estos áridos altiplanos. La iglesia barroca de San Mateo ancla una tranquila plaza colonial, y las colinas circundantes todavía guardan las cicatrices superficiales de siglos de extracción. Aquí nada está dirigido a los visitantes, y eso resulta importar.
Salí de la carretera al noreste de la ciudad de Aguascalientes un jueves por la mañana, cuando la luz aún era plana y las colinas tenían el color del cobre sin pulir. Tepezalá se revela despacio — primero un tanque de agua, luego un racimo de tejados debajo de la loma, luego la torre de San Mateo asomándose por encima de todo con la autoridad sin prisa de algo que lleva cuatrocientos años ahí. Dos hombres barrían el atrio cuando llegué. No levantaron la vista. Tuve la clara sensación de que Tepezalá recibe visitantes como una persona paciente recibe un consejo no pedido: con cortesía, sin cambiar de rumbo.
San Mateo y la Plaza Mayor
La iglesia de San Mateo es barroca del modo en que suelen serlo las iglesias coloniales del altiplano — formalmente ambiciosa pero a escala de los medios de una economía minera que ya se venía adelgazando cuando se terminó la fachada. Piedra del color del maíz seco, pilastras talladas, una sola torre de campanario que sigue funcionando, imagino, con el horario original. Adentro, el techo está pintado en tonos planos de ocre y óxido que se sienten menos decoración y más como si los muros simplemente necesitaran cubrirse. La plaza que la enfrenta es pequeña, sin arreglar — por diseño o por descuido, no supe decir cuál — con un kiosco en el centro donde una mujer vendía vasos de jícama con limón y chile piquín desde una hielera de plástico. Me senté ahí buena parte de una hora. Los hombres en la banca de enfrente discutían algo sobre la lluvia con la seriedad que el tema merece a esta altitud, en plena primavera tardía. Nadie fotografió nada.

Lo Que Recuerdan las Colinas
Las colinas alrededor de Tepezalá no son dramáticas. Son del tipo seco y plegado — matorral semiárido, algún órgano ocasional, tierra que parece no haber perdonado del todo al siglo XVI. Todavía se puede encontrar evidencia superficial de la extracción colonial si camina veinte minutos al este de la plaza: depresiones poco profundas, viejas bocas de tiro medio llenas de escombro, jales que la vegetación solo ha reclamado parcialmente. Nada de esto está señalizado ni narrado. Tepezalá no escenifica su pasado minero para nadie. Simplemente deja la evidencia en el paisaje y lo deja a uno sacar sus propias conclusiones. Hay algo casi reconfortante en eso — buena parte del México colonial ya viene empaquetado como narrativa de tour, con audioguía incluida y esa lógica de salida-por-la-tienda-de-regalos. Aquí la historia simplemente está presente, sin glamour, disponible para quien quiera acercarse a pie.

Cómo Pasar un Día
El mercado municipal queda a dos cuadras de la plaza, y en las mañanas de entre semana es el lugar más activo del pueblo. Comí un plato de pozole rojo en un puesto atendido por una mujer que claramente lo llevaba preparando desde antes de que yo naciera — el caldo oscuro y serio, el maíz bien reventado, una pila de orégano seco y tostadas al lado que agoté más rápido de lo que debería haber. Las tortillas son hechas a mano y gruesas. También hay una modesta selección de queso fresco y chiles secos de la región que vale la pena comprar si va de regreso a la ciudad de Aguascalientes con hielera. También caminé hasta los restos de la exhacienda sobre el camino al sur del pueblo — sus muros de piedra todavía en pie, el patio colonial despojado de pretensión pero lleno de luz de tarde.

Cómo Llegar
Tepezalá está aproximadamente 50 kilómetros al norte de la ciudad de Aguascalientes por la carretera 45 — unos 45 minutos en coche. Los autobuses salen de la central camionera de Aguascalientes varias veces al día y cuestan casi nada. De octubre a marzo es la temporada más cómoda; los veranos del altiplano son calurosos y ocasionalmente inestables. No hay alojamiento propio en el pueblo, así que la ciudad de Aguascalientes es la base obvia.
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