El frente ribereño de Buba con piraguas amarradas junto al Rio Grande de Buba
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Buba

"Vinimos por los hipopótamos y nos quedamos por el silencio del río al atardecer."

Un tranquilo pueblo ribereño donde las piraguas superan en número a los autos y los hipopótamos emergen en las lagunas cerca del mercado.

Lia y yo llegamos a Buba tras un largo trayecto polvoriento desde Bissau, y lo primero que me llamó la atención fue cómo el pueblo parecía inclinarse hacia el agua. El Rio Grande de Buba pasa justo junto al mercado, y para cuando llegamos, a media tarde, las piraguas ya entraban desde las aldeas río arriba, cargadas de sacos de arroz y castañas de cajú tal como debían cargarse hace un siglo, cuando esto no era más que un pequeño puesto comercial portugués que embarcaba la cosecha del interior hacia la costa. Nadie tenía prisa. Un hombre desenredando una red levantó la vista, asintió, y volvió a sus nudos.

Habíamos leído que Buba es el punto de partida habitual hacia el Parque Natural de las Lagunas de Cufada, y esa era, en realidad, la razón por la que habíamos venido. A la mañana siguiente contratamos a un guía con una piragua a motor y nos adentramos por canales bordeados de manglares, el agua tan quieta que duplicaba el cielo. No tardamos en avistar el primer hipopótamo: apenas un par de fosas nasales y dos orejas rompiendo la superficie, y luego todo un lomo gris que emergía como una roca que decide respirar.

Hipopótamos emergiendo en el agua quieta de las Lagunas de Cufada cerca de Buba

Nuestro guía apagó el motor y nos dejó a la deriva, y durante un rato solo observamos: cuatro, luego seis hipopótamos, gruñendo y resoplando entre el fastidio y el aburrimiento de tener público. Nos contó que la laguna estaba protegida como reserva desde el año 2000, precisamente por animales como estos, junto con los manatíes que nunca logramos ver y las aves migratorias que usan el estuario como parada de descanso. Recuerdo que Lia me dio un codazo para señalar un águila pescadora que se dejó caer de un árbol seco y rozó el agua tan cerca que sus alas dejaron ondas.

De vuelta en el pueblo esa noche, comimos pescado a la parrilla en un puesto cerca del mercado, de esas comidas sin menú y sin elección que resultan ser exactamente lo que uno quería. Buba no es un lugar con sitios para marcar en una lista: es un lugar donde uno se sienta y deja que el tráfico del río y el canto de las aves llenen todo lo demás.

El mercado y el frente ribereño de Buba, punto de conexión entre las comunidades del interior y la costa

Cuándo ir: Visita en la temporada seca, de diciembre a abril, cuando las fuentes de agua de la laguna se reducen y atraen a los hipopótamos, las aves y todo lo demás a un espacio más cercano y fácil de ver.