El pico más alto de las sierras de Córdoba, una caminata popular sobre Capilla del Monte envuelta en décadas de leyendas místicas.
El Cerro Uritorco llega a 1.979 metros, lo cual no suena a mucho hasta que llevás dos horas de subida y el sendero ya dejó de fingir que es amable. Es el pico más alto de las Sierras Chicas, elevándose justo sobre Capilla del Monte, y atrae una mezcla curiosa de caminantes: senderistas serios tachando cumbres de su lista, familias en una caminata de un día manejable, y un goteo constante de visitantes que están ahí específicamente por la reputación de la montaña como imán de fenómenos inexplicados.
La subida
El comienzo del sendero queda a poca distancia en auto del centro de Capilla del Monte, y el camino sube entre matorral y granito expuesto en poco menos de tres horas a ritmo moderado. Lia y yo salimos temprano para ganarle tanto al calor como a las multitudes del mediodía, y la primera hora fue bastante agradable — pendiente gradual, vistas amplias abriéndose detrás nuestro sobre el valle de Punilla. El tramo final es donde se gana su reputación, un trepe sobre granito suelto donde el sendero prácticamente desaparece y vas siguiendo mojones y el instinto. Llegamos a la cumbre transpirados y un poco raspados, y la recompensa — una vista de 360 grados sobre todo el sistema serrano, con las Salinas Grandes visibles como una mancha pálida en el horizonte — hizo que valiera la pena cada queja que había hecho en el camino.

Mito en la montaña
La fama del Uritorco se apoya en un reporte de encuentro cercano de 1986 que puso a Capilla del Monte en el mapa, y la montaña carga con esa asociación desde entonces. Los locales hablan de vórtices de energía, una supuesta base subterránea, y luces vistas desde el pueblo en noches despejadas. Nada de eso fue visible para nosotros, obviamente — vimos granito, cóndores, y a muchos otros caminantes sacándose selfies en la cumbre — pero el ambiente en el sendero lleva una corriente sutil de expectativa que cuesta descartar del todo, incluso para dos escépticos.

Vale la pena de cualquier manera
No hace falta creer en ninguna de las afirmaciones místicas para justificar la subida. Las Sierras Chicas rara vez ofrecen una vista tan completa, y el descenso — con las rodillas quejándose en las últimas curvas — nos dio tiempo de sobra para debatir, sin llegar a ninguna conclusión, si María Giménez realmente vio lo que dijo haber visto en 1986. Nunca lo resolvimos. Tampoco, hasta donde puedo decir, lo ha resuelto el pueblo de abajo.
Cuándo ir: De abril a junio y de septiembre a noviembre para condiciones más frescas de ascenso. Empezá al amanecer durante todo el año para evitar tanto el calor del mediodía como el tramo más concurrido del sendero.
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