Estribaciones andinas áridas y meseta desértica rodeando Chos Malal en el norte de Neuquén
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Chos Malal

"Tres horas al norte de la región de los lagos, los árboles simplemente se acaban y el desierto toma el control."

Un pueblo polvoriento e histórico en el norte de Neuquén donde los bosques de la región de los lagos ceden paso al desierto de altura andino.

El viaje en auto hacia el norte desde Villa Pehuenia hasta Chos Malal es una de esas transiciones que te hacen reconsiderar toda la idea de la Patagonia como un paisaje único. En un par de horas el bosque de araucarias se va aclarando, las laderas verdes se desvanecen en ocres y óxidos, y para cuando cruzamos hacia el departamento donde se asienta Chos Malal, ya estábamos manejando por un auténtico desierto de altura — estepa achaparrada, afloramientos volcánicos, y un cielo tan amplio que hacía sentir al auto más pequeño. Lia no dejaba de revisar el mapa, medio convencida de que habíamos tomado un desvío equivocado hacia otro país.

Chos Malal en sí es uno de los pueblos más antiguos de la provincia de Neuquén, fundado en la década de 1880 como puesto militar y más tarde capital territorial, y lleva esa historia con naturalidad en vez de disfrazarla para los visitantes. El viejo fuerte, el Fortín Chos Malal, todavía se levanta sobre una loma baja encima del Río Curi Leuvú, sus muros de adobe y piedra hoy más una ruina evocadora que una estructura funcional. Lo recorrimos una tarde tranquila sin nadie más alrededor, el único sonido el viento moviéndose por las grietas de los muros, y me pareció uno de los sitios históricos más honestamente envejecidos que he visitado en Argentina — nada restaurado hasta perder su carácter, nada acordonado con una tienda de souvenirs pegada.

Los muros históricos de adobe del viejo fuerte mirando hacia Chos Malal

El pueblo se asienta en la confluencia de los ríos Curi Leuvú y Neuquén, y el contraste entre la cinta verde del valle irrigado junto al agua y las montañas peladas y plegadas que se alzan justo detrás es dramático de una forma que las fotos no logran capturar del todo. Una tarde manejamos hasta las estribaciones solo para ver cómo cambiaba la luz sobre la roca expuesta — rojos y violetas y un extraño gris mineral que iba cambiando conforme bajaba el sol, ese tipo de espectáculo geológico de color que un lugar sin cobertura de bosque que lo suavice ofrece sin ninguna disculpa.

Colores de atardecer sobre las montañas áridas que rodean el valle del Río Curi Leuvú

Este no es un pueblo construido para el turismo, y lo digo como un elogio. Hay un museo modesto, una plaza que se llena de gente local al caer la tarde de la misma manera en que lo hacen las plazas de los pueblos chicos por toda Argentina, y un puñado de parrillas sencillas donde el cordero viene de animales criados a pocos kilómetros, en la estepa. Se sintió menos como una parada más en un itinerario y más como un corte transversal genuino de lo que es la Patagonia norte lejos de la maquinaria de marketing de la región de los lagos.

Cuándo ir: De octubre a abril, evitando el frío más duro del invierno en el desierto de altura. La primavera trae un breve estallido verde al valle irrigado que vale la pena buscar si se puede.