Fachada de la catedral de Catamarca en la plaza principal con palmeras y montañas andinas elevándose detrás de los tejados
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Catamarca City

"En Catamarca, el telar sigue siendo una herramienta viva, no una pieza de museo."

Una capital de valle andino donde tradiciones de tejido centenarias todavía se practican en talleres a poca distancia a pie de la catedral.

Fui a Catamarca esperando una capital provincial más y me fui pensando en textiles más que en cualquier otra cosa. No era el plan. Simplemente fue lo que pasó una vez que empecé a hacer preguntas.

La catedral y su Virgen

La Catedral Basílica de Nuestra Señora del Valle domina la plaza central, y es uno de los sitios de peregrinación más importantes del norte argentino — la pequeña imagen de la Virgen del Valle que se guarda dentro atrae a decenas de miles de peregrinos cada diciembre. Yo fui un martes cualquiera, y aun así el interior tenía un goteo constante de visitantes silenciosos encendiendo velas, murmurando, arrodillándose de una manera que se sentía completamente genuina. Lia y yo nos sentamos en un banco del fondo un rato, no por ninguna razón religiosa en particular, solo porque el edificio pedía ese ritmo.

Interior de la basílica catedral de Catamarca con altar ornamentado y peregrinos encendiendo velas

Los tejedores

La provincia de Catamarca tiene una de las tradiciones textiles continuas más antiguas de Argentina, arraigada en técnicas prehispánicas adaptadas a lo largo de siglos — ponchos, mantas y los finos chales de lana por los que la región es genuinamente famosa entre quienes entienden de textiles. Encontré un pequeño taller a pocas cuadras de la plaza donde tres generaciones de la misma familia trabajaban telares de madera que se veían, y probablemente eran, de décadas de antigüedad. La abuela que manejaba el local me mostró un poncho que le había llevado más de dos meses tejer, con lana de vicuña tan fina que apenas se sentía real entre mis dedos. Le pregunté cuánto costaba. Me lo dijo, y entendí de inmediato por qué: el precio estaba en las horas, no en la lana.

Tejedora anciana trabajando en un telar de madera tradicional produciendo un fino poncho de lana en un taller de Catamarca

Una ciudad de valle, no de montaña

Catamarca se asienta en un valle rodeado por la Sierra de Ambato y la Sierra de Ancasti, lo bastante cerca como para sentir su presencia pero lo bastante lejos como para que la ciudad misma se mantenga cálida y seca casi todo el año — los locales bromean con que es la capital provincial más calurosa del país, y después de una tarde de febrero ahí les creo por completo. El calor va vaciando la plaza hacia el mediodía y llena en cambio las galerías con sombra, que es donde parece pasar la verdadera conversación de la ciudad.

Cuándo ir: De abril a septiembre, evitando el calor extremo del verano que puede superar largamente los 40°C. Diciembre, pese al calor, es cuando la peregrinación a la Virgen del Valle transforma la ciudad entera, si no te molestan las multitudes.