La fachada de arcos de concreto del Stade Louis II elevándose sobre la costa de Fontvieille en Mónaco
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Stade Louis II

"Vine por el fútbol y me fui habiendo recorrido un museo de autos que no sabía que se escondía bajo las gradas."

El estadio de arcos de Mónaco sobre terreno ganado al mar en Fontvieille, donde por fin entendí lo en serio que este principado diminuto se toma a su club de fútbol.

Lo admito: no esperaba que me gustara el Stade Louis II. Mónaco no es un lugar que asocie con el deporte: son yates, casinos, curvas cerradas para el Gran Premio. Pero Lia había leído que el AS Monaco jugaba en casa esa semana, y después de tres días fingiendo que podíamos pagar cualquier cosa en Monte Carlo, la idea de sentarnos en un estadio con una cerveza de nueve euros sonaba a alivio. El estadio está justo sobre el agua en Fontvieille, construido sobre terreno ganado al mar, y su fachada —once arcos de concreto alineados a lo largo de la costa— es sin duda una de las piezas de arquitectura más llamativas que he visto en un contexto deportivo. No parece esconder nada, pero lo hace.

El edificio actual se inauguró en 1985, reemplazando a un estadio anterior de 1939 que llevaba el mismo nombre, en honor al Príncipe Luis II. Caminando hacia allá desde el puerto, no dejaba de hacer cuentas sobre cómo un país tan pequeño —se puede cruzar entero en menos de una hora— justifica un estadio tan ambicioso. Luego recordé que este también es un lugar que albergó la Supercopa de la UEFA durante más de una década, de 1998 a 2012, así que al parecer Mónaco no piensa en pequeño cuando se trata de fútbol, aunque todo lo demás en el principado esté diseñado para ser compacto.

Filas de asientos vacíos bajo el techo arqueado del Stade Louis II antes del inicio del partido

Lo que más nos sorprendió fue lo que hay debajo de la tribuna principal. Llegamos temprano, más por costumbre que por plan, y encontramos la Colección Top Car de Mónaco escondida en la base del estadio: docenas de vehículos de la colección personal del Príncipe Rainiero III, relucientes bajo una iluminación casi digna del estadio mismo, como si esperaran su propio partido. Lia, que normalmente no tiene ningún interés en los autos, pasó veinte minutos fotografiando un roadster de los años cincuenta mientras yo caminaba hacia las canchas de entrenamiento, donde alcanzaba a oír lo que supuse eran ejercicios del Club de Rugby de Mónaco en algún lugar fuera de vista. Es un complejo extraño —estadio de fútbol, museo de autos y campo de entrenamiento de rugby apilados en el mismo pedazo de costa ganada al mar— pero de alguna manera funciona.

La cancha iluminada del Stade Louis II durante un partido nocturno del AS Monaco

El partido en sí fue ruidoso a la manera en que lo son las multitudes pequeñas y devotas: no de esas que hacen temblar el estadio, sino algo personal, como si todos se conocieran de verdad. Terminamos sentados a unas filas de una familia que claramente llevaba años yendo, y para el medio tiempo ya nos explicaban la historia del club en una mezcla de francés e inglés mejor que cualquier guía. Salí pensando otra vez en esa fachada de arcos, en lo casi ceremonial que se ve desde el agua, y en lo poco que eso te prepara para lo que realmente ocurre adentro en noche de partido.

Cuándo ir: Organiza tu viaje según el calendario de la Ligue 1, más o menos de septiembre a mayo, que es cuando el AS Monaco juega en casa y el estadio realmente cobra vida, en lugar de quedarse ahí parado luciendo arquitectónicamente impresionante.