Cascada Durian Perangin
"Vinimos por el agua, nos quedamos porque un mono le robó el plátano a Lia."
Una cascada escalonada en la selva del norte de Langkawi, donde los macacos vigilan desde las rocas y las pozas se mantienen deliciosamente tranquilas.
Subimos hasta Kampung Perangin sin mucho plan, ese tipo de tarde a medio organizar que Lia y yo hemos aprendido a disfrutar desde que vivir en México nos enseñó que los mejores días rara vez empiezan con una reserva. El norte de Langkawi es montañoso y verde de una forma que sorprende a quienes solo imaginan playas, y Durian Perangin está justo al pie de esas montañas, alimentada por escorrentías que bajan en etapas en lugar de caer de golpe. Eso me gustó de inmediato: se sentía menos como una postal y más como un lugar que realmente pertenece al bosque que lo rodea.
Las pozas inferiores son lo que atrae a la mayoría de los visitantes, y sinceramente, son suficiente. Nos metimos hasta las rodillas, con un agua tan fría que Lia soltó un grito, y observamos a una familia de macacos de cola larga trabajar el estacionamiento con el aire confiado de propietarios cobrando la renta. Uno se acercó lo suficiente para llevarse una bolsa de galletas de la pareja de al lado, algo que a Lia le pareció mucho más gracioso que a mí, hasta que nos pasó lo mismo cinco minutos después.

Si quieres llegar a los niveles superiores, prepárate para una caminata corta y sudorosa por la reserva forestal: nada técnico, solo raíces, humedad y el sonido del agua haciéndose más fuerte antes de que realmente la veas. Nosotros no llegamos hasta arriba en esa primera visita, distraídos como estábamos, pero una familia malasia que acampaba cerca nos contó que las pozas altas son más frías y casi siempre están vacías por las tardes, motivo suficiente para volver.

Lo que más se me quedó grabado es lo poco desarrollada que sigue estando comparada con Telaga Tujuh o Temurun, las cascadas más conocidas de Langkawi. No hay control de multitudes, ni ambiente de taquilla: solo un estacionamiento de grava, unos macacos y una cascada haciendo lo que siempre ha hecho. Es el tipo de parada que premia la paciencia sobre la ambición.
Cuándo ir: Apunta a la temporada de lluvias, de abril a octubre aproximadamente, o a las semanas justo después: es cuando los niveles realmente rugen en vez de gotear.
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