Cueva 'Anahulu
"Fuimos a nadar y salimos con la sensación de haber bajado al sótano de la isla."
La única cueva de agua dulce de Tonga, con una piscina alimentada por un manantial bajo estalactitas de piedra caliza, a 25 minutos de Nuku'alofa.
Lia encontró la Cueva ‘Anahulu en un mapa arrugado con indicaciones garabateadas por el dueño de un hostal en Nuku’alofa, y recuerdo que yo estaba escéptico: en mi cabeza, Tonga era solo océano y arrecife, no cuevas. Pero manejamos hacia Haveluliku, en el lado este de Tongatapu, unos veinticinco minutos después de la última rotonda, donde la carretera se estrecha y la vegetación se cierra a los lados. La mujer que cobraba la entrada en un pequeño puesto de madera nos señaló un sendero de tierra como si nadar bajo tierra un martes por la mañana fuera lo más normal del mundo.
La pasarela te sumerge en la piedra caliza casi de inmediato, y lo primero que noté fue el cambio de temperatura: ese aire fresco y mineral que suele describirse en cualquier cueva, salvo que aquí se mezcla con olor a agua dulce en lugar de sal. Cuerdas guía recorren el pasaje a lo largo de unos 400 metros, aunque no se siente tan largo cuando vas distraído por estalactitas que cuelgan lo suficientemente bajo como para tocarlas. Yo agachaba la cabeza incluso cuando no hacía falta.

La piscina es lo que la gente viene a buscar, y se lo gana. Está alimentada por un manantial natural, iluminada artificialmente de una forma que vuelve el agua de un turquesa casi eléctrico contra la roca oscura, y Lia ya estaba adentro antes de que yo terminara de quitarme los zapatos. Floté de espaldas un buen rato, mirando formaciones que llevaban goteando su forma desde mucho antes de que ninguno de los dos pudiéramos imaginar, pensando en lo curioso que es que esta sea la única cueva de agua dulce de Tonga: un bolsillo de agua dulce en una isla rodeada de océano.

Pagamos la entrada, escuchamos un poco de historia de boca de la mujer sobre el origen del nombre —‘ana, que significa cueva, combinado con Hulu— y nos fuimos con el pelo mojado y los pies llenos de arena, ya hablando de dónde almorzar de vuelta hacia Nuku’alofa. Es una maravilla pequeña y humilde, del tipo que no intenta venderse a lo grande, y precisamente por eso me gustó tanto.
Cuándo ir: Apunta a la temporada seca de Tonga, de mayo a octubre, y llega por la mañana si puedes: la humedad es más suave y la piscina está más tranquila antes de que lleguen los visitantes del día.
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