La Lagoa de Melides al atardecer, con aguas quietas reflejando las dunas y pinos circundantes
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Melides

"Melides es el tipo de secreto que todo el mundo insiste en contarte como si todavía lo fuera."

Un pueblo de una sola calle en la costa alentejana entre una laguna y las dunas, colonizado en silencio por diseñadores y famosos de incógnito sin admitir jamás del todo que ha cambiado.

Melides no parece gran cosa desde su propia calle principal —una panadería, un café, una ferretería, una iglesia— y ese es precisamente el argumento que la gente repite, normalmente en tono confidencial que contradice su propia pretensión de discreción. Había oído los rumores antes de llegar: que este somnoliento pueblo de la costa alentejana se había convertido en silencio en un favorito de arquitectos, gente de la moda y al menos un expresidente francés, que según dicen compró una casa cerca. Al llegar en coche, nada de eso es visible. Lo que sí es visible es un paisaje que hace algo inusual para la costa alentejana: dunas cubiertas de pinos, una laguna de agua dulce separada del Atlántico por una fina barra de arena, cigüeñas anidando en chimeneas del propio pueblo.

Una laguna, no una postal

La Lagoa de Melides es la razón de fondo para quedarse. Es una laguna estacional, que se abre al mar solo cuando la barra de arena se rompe o se corta, y en verano se convierte en un espejo quieto y salobre rodeado de cañaverales y pinos, popular entre los que hacen kayak y absolutamente nadie más. Alquilé una tabla de paddle surf en un puesto llevado por un chico de unos veinte años que se había mudado desde Lisboa “por la tranquilidad”, y pasé una hora dejándome llevar junto a garzas que ni se molestaban en levantar el vuelo a mi paso, con las dunas a un lado y el pinar bajo al otro, el Atlántico audible pero invisible tras la barra de arena.

Kayak cruzando las aguas quietas de la laguna de Melides al atardecer

La playa en sí, Praia de Melides, es una auténtica playa atlántica salvaje: sin paseo marítimo, sin filas de sombrillas, solo hierba de duna y un puñado de surfistas leyendo el oleaje. La caminé con marea baja durante lo que me pareció un kilómetro entero sin cruzarme con nadie, lo cual es o bien el secreto mejor guardado del pueblo o su secreto más sobreexplotado, según qué artículo hayas leído antes.

Pan, vino y poco más

De vuelta en el pueblo cené en una pequeña tasca con exactamente cuatro mesas y una pizarra de menú, sardinas a la parrilla y una jarra de vino regional alentejano, mientras el dueño discutía animadamente con un cliente habitual sobre un partido de fútbol del que ninguno de los dos parecía recordar realmente el resultado. Nada en la comida ni en el ambiente sugería la supuesta reputación de glamour oculto del pueblo, lo cual, sospecho, es exactamente cómo quieren mantenerlo quienes ya lo han descubierto.

Playa atlántica salvaje en Melides con hierba de duna en primer plano y sin multitudes visibles

Cuándo ir: Ven en junio, antes de que llegue la afluencia de pleno verano que poco a poco va descubriendo el lugar, cuando la laguna está llena y la playa sigue siendo prácticamente tuya.