La aguja vertical de piedra caliza del Naranjo de Bulnes elevándose sobre praderas de montaña verdes
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Naranjo de Bulnes

"Las dos primeras veces que subí a ver el Naranjo estaba completamente cubierto de niebla, y empecé a pensar que la montaña era un rumor."

Una aguja vertical de piedra caliza en el corazón de los Picos de Europa que me costó dos intentos fallidos y una mañana despejada de suerte llegar a ver.

Los locales lo llaman Picu Urriellu más a menudo que Naranjo de Bulnes, y después de mi tercer intento de ver la cosa, entendí por qué no gastan aliento en el nombre castellano cuando el asturiano está ahí mismo y es más corto. Este es el pico que aparece en todas las postales de los Picos de Europa y en la mitad de las revistas de escalada de España: un diente casi vertical de piedra caliza gris que se alza más de 500 metros directamente desde el pasto verde, sin colinas suaves que preparen el terreno, solo roca subiendo como si hubiera cambiado de opinión sobre ser una montaña y hubiera decidido ser un muro.

Llegar hasta allí no es cosa fácil. Desde el lado de Poncebos, subes caminando por el desfiladero de Bulnes —o coges el funicular si tus rodillas son más listas que las mías aquel día— y luego sigues subiendo pasado el pueblo de Bulnes, que no tiene acceso por carretera, solo senderos de mulas y el túnel del funicular excavado en la montaña a principios de los 2000. Son unas cuatro horas de subida constante desde Poncebos hasta el refugio de Vega de Urriellu, y yo llegué empapado en sudor y, en mi primer intento, me recibió absolutamente nada: nube total, el pico completamente tragado. Lia se rió de mí todo el camino de bajada.

Excursionistas en el sendero por el desfiladero de Bulnes con laderas verdes y empinadas a ambos lados

La segunda vez funcionó. Habíamos consultado el pronóstico obsesivamente, salimos antes del amanecer, y llegamos a la última curva para ver toda la aguja iluminada de naranja, con escaladores ya visibles como puntitos en su cara oeste. Hay un refugio justo en la base, el Refugio Vega de Urriellu, donde puedes tomarte un plato de lentejas y ver a los alpinistas encordándose para rutas con nombres que no puedo repetir porque yo no escalo de verdad; solo me gusta mirar a quienes tienen el valor de hacerlo.

La torre de piedra caliza del Naranjo de Bulnes iluminada por el sol de la mañana con escaladores visibles en su cara

Lo que me impresiona del Naranjo no es solo la escala, aunque también es real; es lo repentino que es. Pasas horas caminando por un valle verde y suave y de pronto esta roca erupciona del suelo sin transición, como si el paisaje se hubiera olvidado de avisarte. He caminado muchas montañas desde que me mudé a México, pero nada me preparó del todo para cómo una sola aguja, ni siquiera el pico más alto de la cordillera, podía dominar un día entero de caminata.

Cuándo ir: De junio a septiembre para un clima estable y refugios abiertos; sal temprano, porque las nubes suelen acumularse sobre el pico hacia el mediodía incluso en mañanas despejadas.