La cegadora extensión blanca de las Salinas Grandes con patrones hexagonales de costra de sal extendiéndose hasta picos andinos distantes
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Salinas Grandes

"Nunca antes había usado anteojos de sol adentro. Acá afuera, vos también lo harías."

Un vasto salar blanco a caballo entre la frontera de Jujuy y Salta, a 3.450 metros, donde el cielo se duplica sobre un espejo de sal cristalizada.

Salinas Grandes se anuncia antes de que siquiera lo veas: una blancura en el horizonte que no se parece a la nieve ni a nada más que hayas catalogado antes. Subimos desde Purmamarca por el paso de Abra de Potrerillos, y a 3.450 metros el camino simplemente deja de subir y el mundo se vuelve plano y encandilador: 212 kilómetros cuadrados de costra de sal cristalizada, depositada por un antiguo lago que se evaporó hace milenios y dejó atrás una superficie que se agrieta en hexágonos casi perfectos si mirás para abajo.

Parado sobre el espejo

La luz acá le hace algo a la percepción de profundidad para lo que no estaba preparado. Sin puntos de referencia (ni árboles, ni edificios, nada más que blanco que se extiende hasta un anillo de picos andinos distantes) las distancias se contraen y se expanden de manera impredecible. Lia dejó una botella de agua a unos diez metros para probarlo, y a simple vista parecía estar a dos metros o a cincuenta. Los grupos de turistas y los fotógrafos explotan esto todo el tiempo, con las clásicas fotos de perspectiva forzada donde alguien parece pararse en la palma de un dinosaurio de juguete diminuto. Lo probamos. Es un cliché precisamente porque es irresistible.

Una persona de pie, sola, sobre la deslumbrante costra de sal blanca hexagonal de las Salinas Grandes con montañas lejanas en el horizonte

El salar en actividad

Lo que me sorprendió es que Salinas Grandes no es puramente un fondo para fotos: es una explotación salinera activa, y cooperativas de familias locales siguen cortando bloques de sal a mano en pozas poco profundas que mantienen a lo largo del salar. Paramos en uno de los pequeños puestos que manejan estas cooperativas, donde un artesano tallaba pequeñas figuritas de sal y llamas mientras esperábamos, toda la escena iluminada con esa luz de altura imposiblemente nítida que hace que hasta un puesto al costado del camino parezca cinematográfico.

Trabajadores locales cortando bloques de sal en las pozas poco profundas de la sección de explotación de las Salinas Grandes

La altura se hace notar rápido si no estás aclimatado; nosotros ya habíamos pasado unos días por Purmamarca y Tilcara antes de subir, y les recomendaría a todos ese mismo orden. Llegar acá directamente desde el nivel del mar es pedir un dolor de cabeza de regalo con tus fotos.

Cuándo ir: Todo el año, aunque la temporada seca (abril a noviembre) mantiene la superficie dura y transitable. Apuntá a la media mañana o principios de la tarde, cuando el sol está lo bastante alto como para eliminar las sombras y el blanco se intensifica hasta algo cercano al encandilamiento.