Amplia extensión de la playa de Necochea con médanos ondulantes y oleaje atlántico bajo un cielo luminoso de mediodía
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Necochea

"Veinte kilómetros de playa y nadie tratando de impresionar a nadie."

Un pueblo sin pretensiones de la costa atlántica, famoso por sus médanos y por la extensión de pinos y lagunas del Parque Miramar, favorito de las familias más que de la gente de moda.

Admito que elegí Necochea casi por accidente — íbamos manejando por la ruta costera al sur de Pinamar y Lia señaló el mapa y dijo “esa parece tener la playa más grande”, y esa fue toda la base para el desvío. Resultó ser uno de los mejores accidentes del viaje. La playa de Necochea se extiende unos veinte kilómetros casi absurdos, tan ancha en marea baja que los autos técnicamente pueden circular por algunos tramos, algo que me pareció un rumor hasta que vi una vieja camioneta pasar tranquilamente junto a un grupo de chicos construyendo un castillo de arena sin que nadie se inmutara.

El pueblo en sí

Necochea no actúa para los visitantes como lo hacen Mar del Plata o Pinamar. Es primero un pueblo costero de clase trabajadora, y balneario turístico en segundo lugar, y me gustó más por eso. La avenida principal cerca de la playa, la Avenida 2, tiene las sillas de plástico y los puestos de helado de un centenar de otros pueblos costeros argentinos, pero hay una franqueza en todo esto — nadie intenta venderte una versión aspiracional del lugar. Comimos en una parrilla dos cuadras tierra adentro donde la mujer que la atendía discutía alegremente con su hijo por el fuego todo el tiempo que estuvimos ahí, y la carne igual salió perfecta.

Botes de pesca varados en la arena cerca del puerto de Necochea al atardecer

Parque Miramar

La verdadera razón para venir, sin embargo, es el Parque Miramar, una franja de bosque de pinos y eucaliptos plantada sobre médanos justo al este del centro, atravesada por un sistema de lagunas que convierte a todo el parque en algo entre playa y reserva natural. Alquilé una bicicleta en un puesto cerca de la entrada y pasé dos horas sin apuro recorriendo senderos que alternaban entre la sombra profunda del bosque y vistas repentinas y abiertas hacia la línea de médanos y el océano más allá. Hay una pequeña laguna dentro del parque, algo así como la prima menor de la Laguna de los Padres en espíritu si no en nombre, donde las garzas estaban tan quietas que confundí a un par de ellas con adornos de jardín hasta que una parpadeó.

Ciclista en un sendero sombreado a través del bosque de pinos en el Parque Miramar, Necochea

Lo que no esperaba era lo buenas que eran las olas. Necochea tiene, silenciosamente, una verdadera cultura del surf — la desembocadura del río Quequén, que separa al pueblo de su ciudad hermana, Quequén, al otro lado del agua, produce una rompiente que los surfistas locales se toman en serio. Yo no surfeo, pero me senté en la escollera y vi a una docena de ellos leer la misma ola de maneras completamente distintas, y fue mejor entretenimiento que cualquier cosa en la costanera.

Cuándo ir: De diciembre a febrero para la experiencia de playa completa y agua lo bastante tibia como para nadar de verdad. La primavera tardía, octubre y noviembre, es cuando el parque está más verde y el pueblo todavía no se llenó, que es cuando yo volvería.