Aguas turquesa y acantilados de piedra caliza de Great Bird Island vistos desde la aproximación en barco
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Great Bird Island

"La serpiente más rara que casi no vería, en una isla del tamaño de un estacionamiento."

Un islote deshabitado frente a la costa noreste de Antigua donde sobrevive una serpiente que casi desaparece, y las fragatas sobrevuelan acantilados vacíos.

Reservamos el barco casi por capricho, en un puestito de la costa noreste de Antigua, porque el tipo que lo llevaba no dejaba de decir “blowhole” y “serpientes” en la misma frase, y a Lia se le levantaron las cejas. Veinte minutos después, cruzando el North East Marine Management Area, ya estábamos vadeando hacia Great Bird Island, que es menos una isla que un pedazo de matorral y piedra caliza donde nadie vive y, sinceramente, nadie podría vivir. No hay muelle, no hay construcciones, no hay nada: solo un anillo de arrecife, una playa angosta y acantilados ruidosos de aves.

La serpiente era la razón principal por la que quería venir. La culebra de Antigua (Antiguan racer) fue considerada, durante un tiempo, la serpiente más rara del planeta, reducida a una sola población aquí mismo, en Great Bird Island, después de que las ratas introducidas por los barcos la eliminaran en todos los demás lugares. No vi ninguna. Nuestro guía dijo que era normal; son tímidas, activas sobre todo al amanecer, y la población que se reconstruyó con tanto esfuerzo aquí ya se ha distribuido a otros cayos cercanos libres de ratas. Aun así, caminar por el corto sendero entre matorrales sabiendo que este pedacito exacto de tierra es donde una especie logró remontar desde casi cero le dio a toda la caminata un peso distinto al que esperaba de lo que, a primera vista, parecía solo otro cayo bonito.

Sendero rocoso entre matorral costero en Great Bird Island

Lo que sí vimos, en cantidades absurdas, fueron las aves. Las fragatas flotaban inmóviles sobre los acantilados como si las hubieran clavado ahí, y los pelícanos se lanzaban en picada hacia las aguas poco profundas a pocos metros de donde Lia hacía snorkel; salió riéndose, diciendo que uno casi le roza la máscara. Encontramos el “blowhole” en el lado de la isla que da al mar abierto, una grieta en la roca que expulsa un chorro de agua a varios metros de altura cada vez que una ola llega en el ángulo correcto, y nos quedamos ahí calculando nuestras fotos con el ritmo de las olas como un par de tontos, fallando el tiro tres veces antes de que yo lograra una foto decente.

Fragata planeando sobre los acantilados de Great Bird Island con el mar abajo

En total pasamos unas tres horas: haciendo snorkel en el arrecife del lado protegido del viento, donde el coral era irregular pero a los peces no parecía importarles nuestra presencia, y luego secándonos en la franja de arena antes de que volviera el barco. No es un lugar para quedarse mucho tiempo; de hecho, no hay dónde quedarse. Pero para una salida de medio día desde Antigua, es difícil superar la sensación de estar parado sobre una roca tan pequeña sabiendo lo que casi desapareció por completo de ella.

Cuándo ir: Fuimos en temporada seca, más o menos de diciembre a mayo, cuando tanto la travesía en barco como el snorkel se benefician de un mar más calmado; vale la pena organizar la visita alrededor de esas fechas, porque una travesía agitada le quitaría bastante encanto a la experiencia.