Las dunas de arena de Ørkenen extendiéndose hacia el mar en la isla de Anholt bajo un cielo nórdico pálido
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Anholt

"Tres horas de ferry para llegar a un lugar con más focas que coches: Lia y yo supimos que habíamos encontrado algo especial."

Un punto azotado por el viento en el Kattegat donde viven menos de 150 personas junto al desierto más grande del norte de Europa y una colonia de focas grises.

El ferry desde Grenå tarda unas tres horas, y en algún punto de esa travesía, con Jutlandia ya fuera de vista y Suecia todavía sin asomar en el horizonte, recuerdo haberme girado hacia Lia y decirle que sentía que estábamos navegando fuera del mapa. Así es Anholt antes incluso de llegar: una pequeña isla en el Kattegat que parece existir más como rumor que como lugar real, hasta que finalmente aparece el pueblo del puerto, un racimo apretado de casas de techos rojos que resultó albergar a menos de 150 personas. Habíamos leído la cifra antes de salir de México y aun así no terminé de creerla hasta que recorrimos toda la isla en una tarde y apenas cruzamos con nadie.

Lo que más se me quedó grabado fue Ørkenen, el páramo de dunas de arena móviles que cubre la mitad oriental de la isla, el paisaje desértico más grande de su tipo en el norte de Europa, según dicen, aunque nada de caminar por ahí se sintió como un dato sacado de una guía de viajes. Siglos de sobrepastoreo arrasaron con lo que antes crecía allí, y lo que queda es esta extensión extraña y silenciosa de arena pálida y hierbas bajas que no se parece en nada a Dinamarca y se parece a cualquier otro lugar del mundo.

Dunas de arena onduladas por el viento en el páramo de Ørkenen, isla de Anholt

Caminamos dos horas sin encontrarnos con un alma, solo Lia adelante de mí sobre las crestas de las dunas, y no dejaba de pensar en lo extraño que era sentirse tan solo en un país tan ordenado y poblado como suele ser Dinamarca. Más tarde ese mismo día subimos cerca del faro, construido en 1788, uno de los más antiguos del país, y comí un sándwich sentado sobre una roca mientras Lia escaneaba las aguas poco profundas con sus binoculares, porque las aguas de Anholt albergan una de las colonias de focas grises más grandes del territorio danés, y ella llevaba hablando de verlas desde que reservamos el ferry.

El histórico faro de Anholt de 1788 recortado contra la costa del Kattegat

Al final encontramos las focas, un grupo disperso de siluetas grises tomando el sol sobre un banco de arena frente a la costa, indiferentes a nosotros como suelen serlo los animales salvajes que nunca han tenido demasiados motivos para temer a la gente. Esa noche comimos pescado ahumado en una mesa afuera del único restaurante de verdad del puerto, y recuerdo pensar que Anholt no se sentía tanto como un destino sino como una cámara de descompresión: un lugar reducido a arena, agua, focas y casi nadie más.

Cuándo ir: Julio y agosto son el momento ideal, cuando el clima es lo bastante templado para largas caminatas por Ørkenen y las probabilidades de avistar las colonias de focas desde la orilla son las mejores del año.