Pénjamo
"La plaza al mediodía, el olor a carnitas desde el mercado, las campanas de la iglesia — Pénjamo es México haciendo lo suyo, en silencio y bien."
Un pequeño pueblo agrícola en la frontera entre Guanajuato y Jalisco, Pénjamo es la cuna de Agustín de Iturbide y un lugar donde las carnitas, la birria y el aguardiente local definen la mesa. Sin pretensiones y fácil de subestimar, recompensa a quien esté dispuesto a quedarse más allá de la plaza.
Llegué a Pénjamo un jueves, siguiendo un camino secundario desde Lagos de Moreno en el que no tenía ninguna razón particular para confiar. El autobús me dejó junto al mercado central y me quedé ahí un momento — humo de carnitas cruzando la calle, un vendedor acomodando mangos con la paciencia de alguien que lleva décadas haciéndolo — y entendí que no me iba a ir el mismo día que había llegado. Eso es, más o menos, lo que hace Pénjamo. No se anuncia. Simplemente funciona, y uno lo nota o no lo nota.
Carnitas, birria y el Mercado Municipal
El Mercado Municipal, sobre la calle Insurgentes, es donde la mañana se gana su lugar. A las nueve, los puestos de carnitas ya están escasos si uno no anda atento — los mejores cortes, la maciza y el buche, se acaban temprano. Comí en un mostrador estrecho cerca de la entrada sur, sin nombre en el puesto, una mujer con delantal azul que me entregó un plato sin preguntarme qué quería. Fue la decisión correcta. La birria de aquí se inclina al estilo Jalisco, roja y grasosa, pensada para comerse con tortillas y sin nada más que se interponga. A la mañana siguiente encontré el aguardiente. Una marca local, embotellada sin ninguna ceremonia, vendida en una pulquería escondida junto a una ferretería. Sabe a caña de azúcar y a la confianza particular de un producto que nunca ha necesitado publicidad.

La plaza y el peso de Iturbide
El jardín principal está sombreado por viejos laureles de la India y anclado por la Parroquia de San Francisco de Asís, cuya fachada tiene la solidez barroca y contenida de una iglesia hecha para durar y que ha durado. Agustín de Iturbide nació aquí en 1783 — el hombre que negoció la independencia de México frente a España, se proclamó emperador Agustín I, gobernó once meses y terminó frente a un pelotón de fusilamiento en Padilla. Hay una placa. Siempre hay una placa. Pero la plaza en sí es mejor que la lección de historia: ancianos en las bancas de hierro, escolares cruzando al mediodía, las campanas marcando cada media hora con más autoridad que la mayoría de las cosas que he encontrado. Me senté en el lado norte con un café del pequeño local de la esquina y la observé durante una hora. Nadie estaba actuando para nadie. Eso es lo que tiene Pénjamo.

El borde agrícola del pueblo
Caminen quince minutos al este del centro y el pueblo se convierte en campo — campos de sorgo y agave, la Sierra Madre del Sur volviéndose azul en la distancia. El aire cambia. Hay un camino pequeño que corre hacia el ejido, y por la tarde tiene una quietud que me recuerda por qué sigo tomando caminos secundarios. Un ranchero al que crucé asintió sin detenerse. Di la vuelta en una reja de ganado y regresé al pueblo cuando ya se encendían las luces de la calle.

Cómo llegar
Pénjamo está sobre la carretera federal 90, más o menos a la mitad del camino entre León y Lagos de Moreno. ETN y Primera Plus dan servicio a la ruta. Desde León, el trayecto dura unos noventa minutos. Desde Guadalajara, cuenten con dos horas y media. La central camionera queda a un corto paseo del jardín.
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