Una cascada cayendo en una poza turquesa transparente rodeada de colinas rocosas y pinos cerca de Moris, Chihuahua
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Moris

"Cuarenta y cinco minutos de terracería por una cascada que parecía sacada de un fondo de pantalla. Mi coche hizo ruidos preocupantes todo el camino y lo volvería a hacer mañana mismo."

Moris se encuentra en las estribaciones donde Chihuahua se disuelve en Sonora, un pueblo pequeño que la mayoría de los mexicanos jamás ha oído nombrar y que casi ningún extranjero ha pensado en visitar. La razón para venir es una cascada que cae en una poza de agua fría y cristalina, tan transparente que parece retocada digitalmente. Llegar exige cuarenta y cinco minutos de terracería y un coche al que no se le tenga demasiado cariño.

Había visto Moris mencionado una vez —una sola línea en un foro regional de senderismo, enterrada bajo un hilo sobre rutas de la Sierra Tarahumara. La publicación tenía tres años y dos respuestas. Apunté el nombre y lo olvidé durante seis meses. Luego me encontré manejando hacia el norte por Chihuahua con una semana libre y una lista de coordenadas que nunca había verificado realmente. Moris era el último de la lista. El pavimento se acaba mucho antes de llegar al pueblo, y el tramo final por las estribaciones tiene ese tipo de silencio que solo existe donde la gente no suele ir.

La Cascada

Nadie en Moris la llama por un nombre formal, o al menos nadie con quien hablé lo hizo. Sigues una brecha de terracería que sale del pueblo, estacionas donde termina el camino y caminas quince minutos entre matorral y pino hasta que la escuchas. La cascada cae unos doce metros en una poza que está fría de una manera que te corta el aliento —no fría como arroyo de montaña, sino genuina, irrazonablemente fría, del tipo que te pone las manos blancas en menos de un minuto. El agua es tan transparente que puedes ver las rocas del fondo desde la orilla. Nadé veinte minutos y salí solo porque se me habían entumecido los pies. Dos niños locales se aventaban desde una repisa arriba de la poza. Encontraron mi reacción a la temperatura muy entretenida.

Un nadador flotando en una poza cristalina al pie de una cascada cerca de Moris

El Pueblo

Moris en sí es tan pequeño que ya había visto la mayor parte en la primera hora de llegar. Hay una plaza central, una iglesia, una tienda que vende refrescos fríos y enlatados, y un comedor donde una señora llamada Doña Esperanza cocina lo que tenga ese día. Comí ahí dos veces: la primera tarde fueron frijoles charros y tortillas recién salidas del comal, la segunda mañana huevos con chile seco y un café que llegó en una taza del tamaño de mi puño. La posada arriba del comedor tiene tres cuartos. El mío tenía un ventilador de techo que se bamboleaba en cada velocidad y una vista de los cerros que lo compensaba por completo.

La tranquila plaza principal de Moris con su pequeña iglesia y los cerros cubiertos de pinos alrededor

El Silencio

Lo que se me queda no es en realidad la cascada, sino las tardes. Después de cenar me senté en una silla de plástico afuera de la posada y vi cómo la luz se retiraba de los cerros por etapas —primero las crestas más altas, luego las laderas medias, luego todo a la vez. Nadie intentaba venderme nada. Un perro durmió a mis pies durante una hora sin que se lo pidiera. En dos días no escuché ninguna música que yo no hubiera elegido, ningún tráfico, ninguna notificación que se sintiera urgente. Es el tipo de descanso que no se anuncia a sí mismo.

Las estribaciones cubiertas de pino de la Sierra al atardecer, vistas desde las afueras de Moris

Cómo Llegar

Se llega a Moris desde Madera o la ciudad de Chihuahua por la Ruta 16 de Sonora, girando al sur en un camino pavimentado que eventualmente se convierte en terracería. Un vehículo con despeje razonable lo maneja bien en condiciones secas; después de la lluvia, piénsalo con cuidado. No hay gasolinera en Moris —llena el tanque en Madera o en Yécora si vienes del lado de Sonora.

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