Sage Mountain National Park
"Es el único lugar de las BVI donde pasé frío, y lo digo como el mayor de los cumplidos."
El único fragmento de bosque tropical de las BVI, coronando Tortola a 1.716 pies, donde el aire se enfría y los árboles son más viejos que la propia colonia.
Subí a Sage Mountain esperando una colina algo más grande con buenas vistas, y en cambio me encontré en un bosque tropical de verdad, del tipo con dosel cerrado y clima propio. Tortola alcanza aquí su punto más alto, 1.716 pies, lo cual suena poco impresionante hasta que recuerdas que todo lo demás en las BVI es matorral costero y uva de mar, y esta única cumbre conserva de algún modo un bolsillo del bosque que cubría toda la isla antes de que las plantaciones lo talaran hace tres siglos. La carretera que sube por el lado norte es estrecha y hace curvas cerradas suficientes para que calara el jeep dos veces, y para cuando aparqué en la estación de guardaparques la temperatura había bajado unos cinco grados. No había traído nada para el frío en ningún punto del Caribe. Me encantó necesitarlo.

Los senderos serpentean entre grupos de caoba, cedro blanco y enormes filodendros de oreja de elefante que trepan los troncos como si vinieran de otro continente. Hay un punto cerca de la cumbre, un pequeño claro que los guardaparques han despejado justo lo suficiente, desde donde se ve con claridad hasta Jost Van Dyke y las USVI en un buen día, todo el archipiélago extendido abajo de un modo que casi lo aplana en un mapa. Me senté allí veinte minutos sin ver a otra persona, algo que no ocurre en ningún otro punto de Tortola en temporada alta. Un guía local que conocí en el inicio del sendero me contó que su abuelo solía llevar cabras a pastar aquí arriba, y que “sage” en el nombre se refiere al arbusto de salvia silvestre, no a la sabiduría, aunque prefiero creer ambas cosas.

Lo que más me impactó fue el silencio. No el silencio del océano en una playa vacía, que aún tiene olas y viento dentro, sino un auténtico silencio de bosque, interrumpido solo ocasionalmente por el canto de un zorzal en algún punto del dosel. Se sintió menos como una parada turística y más como la isla recordando lo que era antes de que nadie la cultivara o navegara hacia ella.
Cuándo ir: Por las mañanas, antes de que las nubes de la tarde se asienten en la cumbre y reduzcan la visibilidad. Los senderos pueden embarrarse tras la lluvia, así que el calzado adecuado importa aquí más que en cualquier otro punto del territorio.
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