Parque Nacional La Campana
"Darwin subió aquí a caballo. Puedo confirmar que el sendero es más difícil a pie."
La Conexión con Darwin
Charles Darwin escaló el Cerro La Campana en 1834 durante el viaje del Beagle, y escribió sobre ello en su diario con el tipo de asombro específico que te hace querer ir a hacer exactamente lo mismo. Describió la vista desde la cumbre como una de las más bellas que había visto en Chile: el Pacífico al oeste, los picos nevados de los Andes al este, y en medio, un valle salpicado de palmeras distintas a todo lo que había encontrado antes.
Esas palmeras siguen ahí. La Jubaea chilensis, la palma chilena del vino, una de las especies de palmeras más grandes del mundo por diámetro de tronco, crece a altitudes y latitudes que parecen inverosímiles para una palmera, y los bosques de La Campana son uno de los últimos grandes rodales silvestres de Chile. Parecen prehistóricos. Y lo son, en un sentido significativo: la especie lleva aquí desde antes de que los Andes tomaran su forma actual.
El Sendero a la Cumbre
El sendero hasta la cima del Cerro La Campana desde el sector Granizo asciende unos 1.200 metros a lo largo de unos ocho kilómetros. Lo hice en la temporada equivocada —un cálido día de enero— y lo pagué en el tramo superior, donde el sendero queda expuesto y el sol no tiene nada contra lo que rebotar salvo la roca pálida. El último kilómetro implica algo de trepada que las descripciones del parque califican de “moderada” a la chilena, es decir, requiere atención.
La vista desde la cumbre es exactamente lo que Darwin describió, y Darwin no exageraba. Me senté ahí arriba cuarenta minutos comiendo lo que no había podido parar a comer durante la subida e intentando localizar el Pacífico entre la bruma. Estaba ahí, una línea plateada en el horizonte occidental.
El Bosque de Palmas
El sector Palmas de Ocoa del parque tiene una entrada separada y una experiencia separada: menos de escalada, más de caminar despacio por un paisaje que no se parece en nada a cualquier otra cosa del centro de Chile. Las palmas alcanzan los veinte o treinta metros, sus troncos ensanchándose en la base con la característica de la especie, sus copas extendiéndose como enormes pinceles contra el cielo.
Producen un fruto utilizado históricamente para elaborar miel de palma, un proceso lento que implica extraer la savia mediante una incisión que la palma tarda años en sanar. El aprovechamiento comercial está ahora prohibido dentro del parque. Los frutos que caen al suelo son grandes, amarillentos, y huelen levemente a coco de una manera que parece que debería ser más evidente.
Logística que Vale la Pena Conocer
La entrada al parque está en Olmué, a unos ochenta kilómetros al noreste de Valparaíso. El transporte público existe pero requiere paciencia: la mayoría de los visitantes llegan en vehículo privado. El sector Granizo —para el sendero a la cumbre— tiene un puesto de guardabosques donde hay que registrarse antes de subir y confirmar que el sendero está abierto. Las fuentes de agua en el sendero a la cumbre son poco fiables; lleva más de lo que crees que necesitas.
El parque cierra el acceso a nuevos senderos durante el calor intenso de las tardes de verano, una política razonable que me tomó por sorpresa la primera vez que intenté empezar la ascensión al mediodía.
Cuándo ir: De abril a noviembre para el sendero a la cumbre: las flores silvestres de primavera de septiembre a noviembre son un bonus inesperado. Julio y agosto traen días fríos pero despejados con excelente visibilidad desde arriba. Evita pleno verano (diciembre–febrero) para hacer senderismo serio; el calor en los tramos expuestos es castigador y los cierres por calor de la tarde limitan tu margen de tiempo.