Llegué a Nashville un jueves por la noche, que resultó ser indistinguible de un sábado. El Lower Broadway ya rugía: cada honky-tonk lanzando una canción diferente por puertas entornadas, las frecuencias en pugna colisionando en el aire húmedo para crear algo que no debería funcionar pero que funciona a la perfección. Lia se tapó las orejas al principio. A la segunda manzana ya me arrastraba hacia una puerta.
El Lower Broadway y la Milla de los Honky-Tonks
La franja entre las avenidas 1 y 5 es exactamente lo que parece: un espectáculo turístico glorioso. Botas, bandas de solteras, cerveza en vasos de un metro de alto. Pero bajo el kitsch, la música es genuinamente buena. Estas bandas tocan tres sets por noche, seis noches a la semana. El violinista de Tootsie’s Orchid Lounge tenía un tono tan limpio que atravesaba una sala que olía a cerveza derramada y cera de suelo. Dejé de discutir con el ruido y simplemente escuché.
La jugada más inteligente es llegar temprano: antes de las 7pm los locales están medio vacíos y puedes escuchar a los músicos de verdad. Pide un Yazoo Dos Perros de barril, encuentra un taburete cerca del escenario y observa a un guitarrista que debería ser famoso tocar para veinte personas.
East Nashville y el Otro Lado
Cruza el río Cumberland y la ciudad cambia de registro. East Nashville es donde viven los chefs, los artistas visuales y los músicos de gira que no quieren estar en Broadway. El barrio Five Points tiene cafeterías donde la cola avanza sin prisas y el menú está escrito en una pizarra con una letra que sugiere que alguien se tomó el trabajo.
Comí en un pequeño restaurante de barra en la avenida Gallatin: brisket ahumado sobre grits, un charco de pot likker alrededor, una ensalada con suficiente vinagre para cortarlo todo. La persona del taburete de al lado resultó ser el hermano del chef, que simplemente había pasado por ahí. Ese tipo de ciudad.
El Pollo Picante y la Pregunta del Calor
El pollo picante de Nashville se merece su reputación y sus advertencias. El espectro va desde “Southern” (básicamente pollo frito sin más) hasta “XXX” (un desafío directo a tu capacidad de juicio como ser humano). Fui a Prince’s, el original, en un centro comercial de Emonn que tiene exactamente el aspecto de que no está pasando nada dentro. Sí pasa: una rebanada de pan blanco empapado de grasa bajo medio pollo pintado con una pasta roja de cayena, con pepinillos en vinagre como único contrapeso estructural. Se me entumecieron los labios. Pedí otro.
El calor no es una cuestión de machismo. Es la forma en que la capsaicina amplifica la grasa, el humo y el crujido que hay debajo. Saboreas mejor el pollo porque todo lo demás está subido al máximo.
Germantown y las Horas Tranquilas
Para las mañanas, caminé hacia el norte hasta Germantown, el barrio de ladrillo victoriano que se iba convirtiendo en silencio en el centro culinario de la ciudad. El Tennessee State Museum es gratuito y vale dos horas solo por sus galerías de la Guerra Civil y la Reconstrucción. Acklen Park tiene robles centenarios que dan sombra a un barrio donde la renovación es visible en cada esquina pero aún no ha devorado el carácter del lugar.
Hay un mercado de productores los fines de semana a la sombra del Bicentennial Capitol Mall. Miel local, queso de cabra, tomates de herencia en agosto. Me recordó a los mercados de Oaxaca en su densidad discreta: nada para el escaparate, todo comestible.
Cuándo ir: De abril a mayo, con clima templado y antes de que lleguen las multitudes del CMA Fest. Octubre es igual de agradable. Evita julio y agosto a menos que quieras sumar agotamiento por calor a tu experiencia de pollo picante. Diciembre es genuinamente festivo sin llegar a ser abrumador.