Una vibrante procesión funeraria tradicional con un féretro ornamentado siendo llevado por un bosque tropical en Tana Toraja, Sulawesi

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"El búfalo ya había sido elegido antes de que yo entendiera siquiera lo que estaba viendo."

Llegué a Rantepao al atardecer, apretujado en la parte trasera de un bemo compartido que olía a clavo y tierra mojada. El conductor me dejó frente a una pensión regentada por una mujer llamada Yanti, que me puso un plato de pa’piong — carne de cerdo y verduras cocinadas al vapor dentro de cañas de bambú sobre fuego vivo — y me dijo, casi de pasada, que al día siguiente habría una ceremonia funeraria rambu solo’ en un pueblo cercano. Había llegado a Sulawesi sin demasiado plan. Eso cambió de inmediato.

Tana Toraja, en las tierras altas del interior, es la razón por la que la mayoría de los viajeros se toman el trabajo de llegar a esta isla, y lo merece. Los torajanos construyen sus casas tongkonan con tejados curvados que se elevan como la proa de un barco, lacados en rojo, negro y oro con motivos geométricos. En la fachada se apilan cuernos de búfalo — uno por funeral, uno por generación — convirtiendo los hogares familiares en registros silenciosos de la riqueza ancestral. Los funerales en sí no son ocasiones lúgubres. Son los eventos sociales más importantes que una familia puede organizar: ceremonias de varios días con cientos de invitados, música tradicional tocada en flautas de bambú, y el sacrificio ritual de búfalos y cerdos cuya carne se comparte con todos los presentes. Me senté en una gradería de bambú junto a aldeanos llegados desde Makassar y turistas que habían volado desde Francia, y a nadie le pareció extraño. La muerte, aquí, es un asunto comunitario.

Más allá de Tana Toraja, Sulawesi se extiende en cuatro penínsulas que apuntan en distintas direcciones como una estrella de mar torpe, y cada brazo tiene su propia lógica. En Manado, en el extremo norte, el buceo en el Parque Nacional Marino de Bunaken es de los mejores que he hecho en cualquier lugar — paredes verticales que se hunden en la oscuridad azul, tortugas carey que pasan planeando sin dignarse mirarte. La comida en Manado es famosamente contundente: tinutuan, una espesa papilla de calabaza, maíz y verduras, seguida de atún listado a la parrilla frotado con sambal que sigue ardiendo mucho después de haber terminado de comer. Entre las tierras altas y las costas, la carretera misma es un viaje a través de terrazas de arroz, plantaciones de cacao y pueblos de mercado donde los hombres todavía llevan el sarong tradicional ma’rante un martes cualquiera.

Cuándo ir: De junio a agosto es la temporada seca y la época más fiable para viajar. Las tierras altas pueden ser frescas de noche durante todo el año — lleva ropa de abrigo aunque vengas del trópico. La temporada de funerales no sigue el calendario: las ceremonias ocurren a lo largo del año, pero tienden a concentrarse cuando terminan las cosechas y la familia extensa puede desplazarse, aproximadamente de julio a septiembre.

Lo que la mayoría de las guías no entienden: Tratan Sulawesi como un destino único con Tana Toraja como plato principal y todo lo demás como guarnición. La isla es en realidad cuatro experiencias distintas cosidas juntas por largas carreteras y cortos vuelos domésticos — y las conexiones entre ellas, los autobuses nocturnos, las mañanas de mercado y las pensiones de azar, son la mitad del asunto. No cojas un vuelo directo a Makassar solo para las fotos de Toraja. Quédate más tiempo, muévete más despacio, y deja que la forma de la isla te sorprenda.