Maui ocupa el término medio de la cadena hawaiana — más desarrollada que la Isla Grande, menos urbana que O’ahu, más accesible que Kaua’i. Es la isla que funciona para casi todo el mundo: snorkel de nivel mundial, un volcán de tres mil metros, una legendaria ruta costera, avistamiento de ballenas en temporada, y suficientes buenos restaurantes y hoteles cómodos para satisfacer al viajero que quiere aventura y una cena decente.
El amanecer en Haleakalā es la experiencia definitiva de Maui. Se conduce de noche — la carretera trepa desde el nivel del mar hasta la cumbre en noventa minutos, atravesando zonas climáticas que pasan de lo tropical a lo alpino. Arriba, uno se encuentra por encima de las nubes en el borde de un cráter que parece Marte. El amanecer no es solo hermoso — es espiritual de una manera que trasciende la palabra. Los hawaianos lo llamaron “Casa del Sol” y el nombre no es licencia poética.
La Ruta a Hana es una carretera de cien kilómetros a lo largo de la costa noreste: 620 curvas, 59 puentes, cascadas en cada mirador, playas de arena negra, bosques de bambú y jardines tropicales. El destino (Hana) es secundario frente al recorrido en sí. Hay que detenerse en la playa de arena negra de Wai’anapanapa, hacer la caminata hasta las cascadas Waimoku a través del bosque de bambú de Pipiwai y bañarse en las Pozas de ‘Ohe’o.
El oeste de Maui — Lahaina, Ka’anapali, Kapalua — es la costa de los resorts. El snorkel en el cráter de Molokini (una caldera volcánica parcialmente sumergida frente a la costa) es excepcional, y el avistamiento de ballenas de diciembre a abril está entre los mejores del mundo — las jorobadas migran a las aguas poco profundas entre Maui y Lana’i para tener a sus crías.
El interior de Maui — las laderas de Haleakalā sobre Paia — es territorio agrícola: campos de lavanda, productores de queso de cabra y una atmósfera pausada y pastoral que no se parece en nada a la costa.
Cuando ir: De abril a junio o de septiembre a noviembre. El invierno es la temporada de ballenas pero también la de mayor afluencia turística. La Ruta a Hana es mejor recorrerla en los meses secos para evitar deslizamientos de tierra.