Isla Dauphin
"Una observadora me paso sus prismaticos sin decir palabra, y a traves de ellos una diminuta reinita agotada se posaba en un roble, tras acabar de cruzar un mar entero."
La isla Dauphin es un fino jiron de arena frente a la costa de Alabama, al que se llega por un largo puente alto sobre la boca occidental de la bahia de Mobile, y no se anuncia como lo hacen los resorts mas llamativos del Golfo. No hay rascacielos. Las casas se alzan sobre pilotes contra el proximo huracan, las carreteras son tranquilas, y todo el lugar tiene esa sensacion algo curtida y de temporada baja de un sitio que ha decidido no esforzarse demasiado. Me gusto de inmediato por exactamente esa razon. Vinimos en abril, que me habian dicho que era la epoca adecuada, y la epoca adecuada resulto ser quedarse corto.
El primer aterrizaje
Para las aves canoras que migran hacia el norte cruzando el golfo de Mexico en primavera, la isla Dauphin suele ser la primera tierra firme que alcanzan tras un vuelo sin escalas de cientos de kilometros sobre mar abierto. Cuando el tiempo se vuelve en su contra a mitad de la travesia, llegan en oleadas: agotadas, hambrientas, cayendo del cielo sobre los primeros arboles que ven. Los observadores lo llaman caida, y el pequeno parche de robles y arbustos conocido como el Santuario de Aves Audubon se convierte en uno de los espectaculos de migracion mas concentrados de Norteamerica.

No soy un observador serio — sere capaz de identificar quiza una docena de especies y fingir otras tres — pero parado en aquel santuario al amanecer, rodeado de gente que habia conducido desde cuatro estados con telescopios y parasoles de objetivo del tamano de platos llanos, comprendi el atractivo por completo. Los arboles bullian de pequenas cosas brillantes: piranga, azulillos, reinitas en una docena de colores imposibles, todos demasiado cansados para ser timidos. Una mujer a mi lado me paso sus prismaticos sin decir palabra, senalo, y encontre una diminuta reinita aferrada a una rama, ahuecada y jadeante, tras acabar de hacer algo que de verdad no logro comprender. Le devolvi los prismaticos y ambos solo asentimos. No habia nada util que decir.
Arena, fuertes y camarones fritos
Mas alla de las aves, la isla Dauphin es una isla barrera de relajacion como debe ser. La playa publica del lado del Golfo es ancha y poco concurrida, la arena palida y chirriante bajo los pies, el agua de ese verde calido y plano que el norte del Golfo hace tan bien. En la punta oriental se alza Fort Gaines, un fuerte de mamposteria anterior a la Guerra Civil que custodiaba la bahia y entro en combate durante la batalla de la bahia de Mobile — esa en la que, segun la leyenda, un almirante dijo algo memorable sobre los torpedos. Lia, que tolera mi aficion a los fuertes con visible paciencia, encontro los viejos hornos de ladrillo de la panaderia y los canones mas interesantes de lo que esperaba y lo dijo, lo cual viniendo de ella es un gran elogio.

Comimos camarones y ostras fritas en una cabana con mosquitero cerca del puerto, vimos el pequeno ferry ir y venir a Fort Morgan al otro lado del canal, y en general dejamos que la deliberada lentitud de la isla se impusiera. Es el antidoto a la costa de muros de condominios que hay unas horas al este.
La migracion primaveral, mas o menos de finales de marzo a principios de mayo, es el motivo estrella para venir, y un fuerte frente que bloquee desde el sur puede producir una caida de la que los observadores hablan durante anos. Fuera de esa ventana es simplemente una isla de playa tranquila y sin pretensiones, lo cual, francamente, tambien es una razon perfectamente buena para venir.