Los acantilados en forma de herradura de Bahia Darwin en la isla Genovesa, Galapagos, con aves marinas volando sobre el agua turquesa de la caldera inundada
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Isla Genovesa

"Nunca he estado en un lugar donde los animales ignoraran mi presencia de forma tan absoluta — y en Genovesa, despues de un rato, yo tambien dejaba de notarme a mi mismo."

Genovesa queda lo bastante al norte de la ruta principal como para que la mayoria de los barcos ni se molesten en ir, y precisamente por eso quise hacerlo. Llegar implica una travesia nocturna desde Santa Cruz por mar abierto que la tripulacion de la panga nos advirtio que seria movido, y lo fue: Lia paso casi toda la noche encajada en un rincon de la litera insistiendo en que estaba bien con el tono de quien no lo esta. Al amanecer ya estabamos dentro de Bahia Darwin, una caldera volcanica inundada cuya pared hacia el mar se ha derrumbado, dejando una herradura casi perfecta de acantilados a la que entras navegando directamente. El agua era un cristal. El ruido era extraordinario.

La isla de los pajaros hace honor a su nombre

He leido las estadisticas sobre las colonias de aves marinas de Genovesa y no me prepararon para la realidad de estar entre ellas. Los piqueros de patas rojas anidan en los arbustos de sal a la altura de los ojos, lo que resulta perturbador igual que toda la mansedumbre de aqui: son animales salvajes que simplemente nunca han aprendido a temer la silueta de un humano. Las fragatas grandes inflan sus bolsas gulares escarlatas hasta convertirlas en globos carmesi tensos y se quedan ahi vibrando, esperando impresionar a una hembra. Las gaviotas de cola bifurcada, la unica gaviota nocturna del mundo, nos miraban con sus absurdos ojos de borde rojo desde un metro de distancia.

Piqueros de patas rojas y un macho de fragata con su bolsa gular roja inflada anidando en la vegetacion baja del sendero de Bahia Darwin en la isla Genovesa

El sendero que bordea la bahia es corto y llano, un circuito por los manglares y a traves de una playa de coral, y nuestro guia nos mantuvo a un paso lentisimo porque las aves estaban literalmente bajo nuestros pies. Pocas veces me he sentido tan intruso y tan completamente ignorado al mismo tiempo. Lia, recuperada y encantada, susurro que era como caminar por un documental de naturaleza que habia olvidado incluir la parte donde los animales huyen.

Las Escaleras del Principe Felipe

El otro desembarco es algo totalmente distinto. Las Escaleras del Principe Felipe — bautizadas por la visita real, y si, todos hacen la broma — son una subida empinada por la pared de un acantilado en el brazo oriental de la caldera. Arriba la vegetacion se aclara hasta formar una meseta plana de lava rota, y ahi estan los petreles. Decenas de miles, girando en una nube tan densa que cambia la calidad de la luz. En algun punto de ese caos caza el buho campestre, que en Genovesa ha aprendido a capturar petreles a pie, a plena luz, por emboscada: un comportamiento que casi no existe en ningun otro lugar de la tierra.

Esperamos mucho rato y al final vimos uno, inmovil en una grieta de lava, haciendo eso que hacen los buhos de fingir que una roca te esta mirando. Termino lanzandose, atrapo un petrel a media zancada, y toda la meseta pareció estremecerse. No saque ninguna foto. Estaba demasiado ocupado mirando.

Un buho campestre posado entre la lava rota de la meseta sobre las Escaleras del Principe Felipe en la isla Genovesa, con petreles volando en el cielo detras

El snorkel en Bahia Darwin fue casi un anticlimax despues de aquello, aunque los tiburones martillo patrullan el borde mas profundo de la caldera y vimos lobos peleteros tumbados en las rocas. Genovesa no esta en la mayoria de los itinerarios y exige un crucero mas largo e incomodo para llegar. Ve igualmente. Es lo mas cerca que he estado de ver como eran las islas antes de que llegaramos nosotros.