Róterdam fue arrasada por los bombardeos en 1940 y eligió no reconstruir lo que había perdido, sino edificar algo completamente nuevo. El resultado es la ciudad arquitectónicamente más atrevida de Europa: un lugar donde las Casas Cúbicas se inclinan en ángulos imposibles, el Markthal se arquea sobre un mercado gastronómico bajo un techo pintado con frutas y flores gigantes, y el Puente Erasmus cruza el río Maas como una cuerda de arpa blanca. Cada década añade un nuevo hito, y la ciudad lleva su ambición sin disimulo.
Pero Róterdam no es solo un escaparate del diseño. La Fenix Food Factory, instalada en un antiguo almacén a orillas del canal sur, es una colectiva de pequeños productores que venden cerveza artesanal, quesos de autor y comida callejera indonesia. El Kunsthal y el Museum Boijmans Van Beuningen —cuyo nuevo depósito público es en sí mismo una declaración arquitectónica— aportan un peso cultural considerable. El puerto —el más grande de Europa hasta hace poco— está omnipresente, y un recorrido en Spido revela lo sublime industrial de los puertos de contenedores y los astilleros que impulsaron el comercio neerlandés durante siglos. Róterdam es orgullosamente obrera, ferozmente multicultural y como ninguna otra ciudad holandesa.
Cuando ir: De mayo a septiembre, para bares en azoteas y festivales portuarios. La arquitectura es fascinante con cualquier tiempo, pero la luz de primavera sienta especialmente bien al cristal y al acero moderno.