El Parque Nacional de los Lagos de Plitvice es la obra maestra natural de Croacia: dieciséis lagos interconectados que descienden en escalones por un valle boscoso, unidos por cascadas, saltos de agua y barreras de travertino que el propio agua ha ido construyendo a lo largo de miles de años. Los colores cambian con la luz y la estación: esmeralda en primavera, turquesa en verano, plata bajo los cielos grises del otoño. Pasarelas de madera se adentran entre los lagos a ras del agua, tan cerca que uno podría rozar con los dedos una superficie tan transparente que los troncos caídos en el fondo parecen estar al alcance de la mano.
El parque se divide en lagos altos y bajos. Los Lagos Altos son más grandes y están rodeados de bosque denso; los Lagos Bajos se abren en un cañón de piedra caliza con la cascada más alta del parque, Veliki Slap, que cae setenta y ocho metros en un estanque de niebla. Un barco atraviesa el lago más grande, Kozjak, y el circuito completo puede recorrerse en cuatro a seis horas, según el ritmo y las ganas de detenerse a mirar. Hay fauna, aunque esquiva: osos, lobos y linces habitan el bosque circundante, aunque es mucho más probable ver pájaros carpinteros y truchas.
Cuando ir: De abril a mayo, para ver las cascadas en su máximo caudal y el verde intenso de la primavera. Principios de octubre, para los colores otoñales reflejados en los lagos en calma. En verano hay mucha gente; conviene reservar la entrada con horario por adelantado.