Buenos Aires Palermo
"Palermo es el corazón de la ciudad — late más fuerte los domingos a la tarde en la feria."
Llegué a Palermo a principios de octubre, cuando las jacarandas de la Avenida del Libertador apenas empezaban a abrirse en violeta. El color era casi agresivo — copas enteras de ese tono, soltando pétalos sobre Fiats estacionados y toldos de café por igual. México me había preparado para el calor y el ruido, pero no para esta luz particular de las tardes porteñas: dorada, levemente polvorienta, acumulándose entre los plátanos como algo vertido desde una jarra.
La feria y el ritual del domingo
Lia encontró la feria de la Avenida Presidente Álvear antes que yo. Me mandó la foto de una libreta encuadernada en cuero que no tenía ninguna intención de comprar y de unas medialunas que definitivamente iba a comerse. Los domingos, la Feria de Palermo se extiende por Plaza Serrano y baja por Honduras hacia El Salvador — anticuarios, plateros, vendedores con mates al lado de discos de vinilo. Pasamos tres horas ahí haciendo casi nada de provecho, que es, he decidido, la manera correcta de pasar un domingo en esta ciudad.
El café al que seguíamos volviendo quedaba en la esquina de Thames y Nicaragua. No había cartel que yo pudiera descifrar bien. Espresso fuerte, paredes cubiertas de fotografías de boxeo, un barista que ponía Piazzolla en un parlante tan pequeño que el sonido parecía salir del interior de la barra. Pedíamos cortados y nos quedábamos afuera hasta que la luz cambiaba y el frío de la tarde llegaba desde el Río de la Plata.
Tango a una hora que no tenía ningún sentido
No esperaba terminar en una milonga a medianoche de un martes. Un hombre en la esquina de Gorriti — vendiendo facturas desde un carrito, cosa que no tenía ningún sentido a esa hora — nos señaló una puerta sin ninguna marca excepto una luz roja sobre el marco. Adentro: pisos pulidos, unas cuarenta parejas moviéndose de esa manera comprimida, casi privada, en que se mueve el tango de verdad. No era espectáculo. Era conversación entre cuerpos.
Yo no bailo. Me quedé apoyado contra la pared hasta casi las dos de la mañana, y sigue siendo una de las cosas más extrañas y más conmovedoras que he presenciado en mucho tiempo de viaje.
Dónde comer y qué pedir
Palermo Hollywood y Palermo Soho tienen suficientes restaurantes como para comer bien durante un mes sin repetir. Yo seguía volviendo a la parrilla de Fitz Roy — sin reserva, solo efectivo, el bife de chorizo llegando en una tabla de madera todavía chisporroteando desde la parrilla. Pedí el chimichurri aparte y lo usé sin moderación.
Cuando ir: De septiembre a noviembre es ideal — las jacarandas están en flor, las temperaturas son suaves y la ciudad todavía no ha alcanzado el peso húmedo del verano porteño. Marzo y abril son una segunda opción muy cercana, con la luz inclinada baja y la temporada de terrazas todavía resistiendo.