Wrocław es la ciudad que esconde trescientos enanos de bronce en sus calles — estatuillas diminutas agazapadas en cornisas, detrás de farolas y en los portales, cada una un comentario en miniatura sobre la historia y el carácter de la ciudad. Buscarlos se convierte en un recorrido peatonal accidental por una de las ciudades más bellas de Polonia. El Rynek es enorme y elegante, el Ayuntamiento Gótico uno de los más espléndidos de Europa Central, y las calles que lo rodean ofrecen el tipo de cultura de café que te hace abandonar el itinerario.
Ostrów Tumski — la Isla de la Catedral — es el corazón espiritual de la ciudad, unida al casco antiguo por puentes sobre el Óder. Al anochecer, un farolero todavía enciende a mano las farolas de gas, y las torres de la catedral brillan contra el cielo del atardecer. El Pabellón Centenario, una cúpula de hormigón armado de 1913 que la UNESCO cataloga como pionera de la arquitectura moderna, se asienta en un parque con una fuente multimedia espectacular. La identidad de Wrocław es plural — alemana, polaca, checa, judía — y esta multiplicidad le otorga una apertura cosmopolita inusual para una ciudad de su tamaño.
Cuando ir: De mayo a septiembre para el buen tiempo y los festivales al aire libre. El mercado navideño del Rynek es uno de los mejores de Polonia.