Flam es un pueblo de apenas quinientos habitantes al fondo del Aurlandsfjord, un ramal del imponente Sognefjord. Sería un lugar cualquiera de no ser por una cosa: el Ferrocarril de Flam, una línea de veinte kilómetros que asciende desde el nivel del mar hasta la estación de montaña de Myrdal atravesando un paisaje de cascadas, túneles excavados en granito y valles tan escarpados que la ingeniería roza lo absurdo. El tren se detiene ante la cascada de Kjosfossen, y la escala del agua que se desploma es algo que ninguna pantalla puede transmitir.
El fiordo en sí vale la pena explorarlo. Recorre en kayak el Naeroyfjord — el ramal más estrecho y dramático, también declarado Patrimonio de la UNESCO — donde las montañas se cierran hasta quedar a apenas doscientos cincuenta metros de distancia y el agua lo refleja todo como un espejo. El mirador de Stegastein, una plataforma en voladizo que sobresale sobre el Aurlandsfjord, ofrece una perspectiva que produce vértigo de verdad.
Cuando ir: De mayo a septiembre para la experiencia completa — tren, cruceros por el fiordo y senderismo. Junio y julio para los días más largos y los valles más verdes. El ferrocarril circula todo el año, y en invierno el paisaje nevado tiene una belleza completamente distinta.