Wellington
"El viento casi nos tira al suelo y el café nos devolvió a la vida — Wellington en una sola frase."
Wellington es pequeña, empinada y cafeína pura. La capital rodea una bahía en el extremo sur de la Isla Norte, y el viento que se cuela por el estrecho de Cook es una presencia constante — los lugareños lo asumen como un rasgo de personalidad, no como un fenómeno meteorológico. Tomamos el funicular desde Lambton Quay hasta el Jardín Botánico y contemplamos desde arriba una ciudad que ha logrado meter cultura de primer nivel en unos pocos kilómetros cuadrados, todos recorribles a pie.
Te Papa, el museo nacional, fue extraordinario — gratuito, interactivo y absolutamente envolvente en todo, desde la cultura maorí hasta la ciencia sísmica. Cuba Street era el nervio creativo de la ciudad: tiendas de discos, ropa vintage, bares de cerveza artesanal y una fuente de cubos que salpica a todo el que pasa por delante sin distinción. Comimos en restaurantes que aguantarían el tipo en ciudades diez veces más grandes, bebimos un café que rivalizaba con Melbourne, y visitamos Weta Workshop, donde nacieron las criaturas de la Tierra Media. El paseo por la costa sur hasta la colonia de lobos marinos de Red Rocks nos regaló una franja salvaje de acantilados y leones marinos tumbados entre la espuma.
Cuando ir: De diciembre a marzo, cuando el tiempo es más cálido y estable. Wellington es ventosa todo el año — hay que abrazarlo. El calendario cultural alcanza su punto álgido en febrero y marzo. El invierno es fresco, pero la escena de interiores no para. La Fuente de Cubos de Cuba Street funciona con cualquier tiempo, lo cual dice mucho.