Goa
"El estado playero de la India — donde el pasado colonial y el presente hippie se dan la mano sobre una cerveza Kingfisher."
Goa ocupa una posición única en el imaginario indio — es el lugar donde las reglas se relajan, donde la comida tiene influencia de las cocinas portuguesas, y donde la cultura de playa va de lo hedonista a lo eremítico dependiendo de qué franja de arena elijas. El norte de Goa es el lado más ruidoso: Baga y Calangute tienen las multitudes, Anjuna tiene el mercadillo y el legado de la música trance, y Vagator ofrece bares en acantilados con vistas al atardecer que justifican cada cliché jamás escrito sobre esta costa.
Como un francés que ha vivido en la costa mexicana, pensé que conocía los pueblos playeros. Goa me corrigió. La influencia portuguesa aquí tiene cuatrocientos cincuenta años de profundidad, y la saboreas en cada bocado de vindaloo — el vindaloo real, no la versión de las casas de curry británicas, sino un plato de cerdo marinado en vinagre y ajo que toma su nombre del portugués vinha d’alhos. Las iglesias del Viejo Goa, la antigua capital colonial, son extraordinarias: la Basílica del Bom Jesus alberga los restos de San Francisco Javier en un ataúd de plata, y la Catedral Se es la iglesia más grande de Asia, su fachada barroca más Lisboa que Lucknow. Deambulé por estas iglesias con la sensación desorientadora de estar simultáneamente en la India, en Europa y en un tiempo que no pertenecía a ninguna.

El sur de Goa es el antídoto al ruido del norte. Palolem es una media luna de perfección flanqueada por palmeras donde las cabañas de playa son simples, los restaurantes sirven pescado capturado esa mañana, y las noches terminan con silencio en vez de bajos. Agonda es aún más tranquila, su línea costera lo bastante larga para que siempre puedas encontrar un tramo de arena vacía incluso en temporada alta. Pasé una semana en el sur de Goa, comiendo xacuti especiado con semillas de amapola y coco, bebiendo feni destilado de fruta de anacardo, y leyendo novelas en una hamaca mientras el Mar Arábigo realizaba sus cambios diarios de color de turquesa a dorado a violeta.

El interior es el Goa que la mayoría de los turistas se pierde por completo. Fontainhas, el Barrio Latino de Panaji, es un laberinto de casas portuguesas pintadas en tonos pastel, con techos de teja y balcones, donde los residentes aún hablan konkani con préstamos del portugués y las panaderías venden bebinca, un pastel de coco en capas que lleva horas preparar. Las plantaciones de especias en Ponda ofrecen tours y almuerzos que demuestran cuántos sabores extrae la cocina goana de su propio suelo. Este es un estado que ha absorbido conquista, contracultura y turismo y ha emergido con su identidad no solo intacta sino enriquecida — un lugar donde cada capa de historia ha añadido algo a la mesa, literalmente.

Cuándo ir: De noviembre a febrero para clima seco y soleado. Octubre y marzo son meses de transición con menos multitudes. El monzón de junio a septiembre cierra la mayoría de los chiringuitos de playa pero vuelve el paisaje imposiblemente verde.